17 septiembre, 2010

Diario de una mercadóloga Vol. 3

A 4 meses de haberme graduado, a una vida de entender lo que me pasa, a un siglo de saber si lo que hago pudiera estar mejor, nunca entenderé si realmente se puede crear de una vida un sueño.

Me animan los retos, me desanima la injusticia, la vida laboral es un hito comercial, monopólico, instransigente, e irrefutable y tristemente aceptado por todos y cada uno de los mexicanos.

Me reúno con mis amigos, me cuentan la misma historia con matices diferentes, con un logo distinto, con máscaras ocultas que nos hacen creer ilusiones, y nos hacen destrozar nuestra vida social.

Por una parte creo que es parte de nuestro crecimiento, por otro lado creo que es el comienzo de nuestra vida sedentaria, no sé que pase con nosotros, lo único que sé es que nuestras vidas se tornan estresantes, aburridas, retóricas en el sentido de que se justifica que sé yo, monetariamente, ideológicamente, tal ves de una manera irreversible, pero que nuestras almas reclaman una explicación suficiente, buscan un encuentro, un balance y simplemente no lo encuentran.

La diversión es ahora un concepto opcional, una suerte, un pequeño cascabel que aún suena después de los ecos en las esquinas de una oficina. Nos mueve la quietud un poco más, y la falta de espontaneidad en nuestras vidas. Queremos seguir haciendo las mismas cosas, pero nuestro cuerpo necesita de otras.

Foráneos o no, intentamos encajar en un círculo de personas casadas, divorciadas, comprometidas ó bien muy en su papel, muy en su círculo en su movimiento, en su persona.

Nuestras personalidades se acentúan más y cada vez somos más exigentes, mostramos más carácter, somos quisquillosos, nos duele la soledad pero vivimos allanados en la rutina y en el pensar que nunca llegará esa persona, ese lugar o ese estilo de vida que nos conforte del todo.

Tiene razón mi mejor amiga, entre más tenemos más queremos, irrazonable manera de actuar de los humanos, Qué le haremos?

Queremos con locura, actuamos con pasión, pero mentimos, rechazamos, y no conjugamos el verbo del presente con el sujeto, siempre nos adelantamos y muchas otras veces retrocedemos, nos aferramos y no pensamos si quiera en lo de hoy.

Nos seguimos equivocando igual o peor que cuando éramos unos adolescentes, ahora somos más familiares, y extrañamos a la familia pero ya no queremos vivir con ellos, ¡Irónico!

07 septiembre, 2010

Arriba el sol y abajo el reflejo de cómo está ya mi alma...

Yo lo llamo el puente de las reflexiones
porque me hace pensar en todo lo que no pienso durante el día,
y en el momento en que lo bajo...

Porque ese puente llega a ser tan abrumador,
muchas veces me derrumba la razón,
pero cuando lo bajo, en lo único que creo es en mí.

Al mirar fijo a ese horizonte que sus huecos develan,
solamente soy capaz de pensar en toda la basura que cruza por mi vida
y en todas esas agrias caricias que rocían mi existencia,
para cuando lo cruce, esté preparada para sentir el cambio, la bajada, la transición,
una nueva salida, la causa de mi pensar, y lo absurda que realmente es.

Existen flores, corazones y opiniones que se escuchan en el hueco de su estructura,
en el hueco de mi ternura, mi impaciencia y mi poca cordura.
Si encontrara el punto ciego, mataría a mi orgullo
y todo plasmaría el coraje que voy sintiendo en esos capullos.

Desesperación... y poca, muy poca gravedad.

¿La receta?
Se desea agregar a esa receta un poco de peso, pero a medida que voy bajando,
eso ya no existe y sé que no existirá.

No maldigo ni es de mi concierne el incógnito puente
sólo creo en los signos, en su símbolo y en su poca precaución.

Transición y taciturna redención me ocasiona pertenecer temporalmente a ese puente,
saber que subiré unas cuantas, unas pocas o infinitas veces más me estremece la piel,
no me permite susurrar al camino, a mi sombra, lo que pudiera llegar a pasar.

Conozco más de mi a través de sus rejillas,
reconozco más de aquello que siempre escondí
y pertenezco más a lo otro que nunca escogí.

Desconozco mi pasado y me libero de allí...
Ahora soy simplemente un aprendiz.