Ésta no es una canción,
cette est ne pas une chanson que..
This is not just a song..
A lo largo de los años, uno crece, se reproduce, madura y finalmente muere, pero realmente no se imagina como se termina ese ciclo, unos se van otros se quedan hasta que nos den licencia, pero a final de cuentas nos vamos.
Dice Fromm que el amor no es más que un sentimiento de pertenencia y posesión, sin embargo creo que es un poco mundana esta definición, pues el amor realmente es algo que toca fibras invisibles, cristaliza recuerdos y regenera las células dañadas por el peor de los dolores, va simplemente más allá de la imaginación y la conciencia, por lo que queda corta la definición del concepto.
Dice Freud que cuando seres queridos mueren, uno permanece en estado de inconciencia por un periodo indeterminado, pues no vives el presente si no el pasado, pero creo yo que también se queda un poco en el abismo, pues el presente lo vives y por ello también duele, porque ahora esa persona no está contigo.
Esta multiplicadísimo por las sociedades, el dicho de vive al máximo porque nadie te asegura un mañana, y es así como debes vivir pero no porque creas que mañana puede acabar con tu vida, si no porque hoy tienes la oportunidad de vivir cosas únicas y mañana otras, pero jamás las mismas, y es así como uno se llena de recuerdos, que contrario a lo que mucha gente piensa, los recuerdos alimentan el alma, te acompañan en tus momentos de soledad, y aunque muchas veces remueven lágrimas de corazón, ese corazón se sentirá menos herido que una persona que no tiene recuerdos en lo absoluto.
Suerte te deseamos todos, por este momento me he quedado sin ti, te has quedado sin mi, sin nosotros, sin ropa vieja, sin un hogar, sin tus regalos de navidad, pero te has ganado el cielo entero, la tranquilidad, la vista panorámica de este lugar que seguro debe ser pequeñísimo en comparación.
Quiero que ahora te dediques a reírte de nuestra torpeza de no poder comprender que el hecho de que te hayas ido no es más que un "les gané", quiero que ahora te alegres de haber hecho todo lo que pudiste, de reírte de los demás y de ti mismo, por enseñarnos a jugar pokar, por regalarnos piedritas preciosas que al parecer de utilidad no tenían alguna pero que sabían era un pedacito de ti en esta tierra, la que tanto te gustaba y que siempre nos quisiste dejar algo de ella, ahora de verdad lo entiendo. Graciar por ser tú en tu más que única esencia que muchos no comprendían en ocasiones. Nos vemos prontito, te amamos y como dice Cerati "ahí vamos".
Reinventandome una y otra vez, amo el amor, la música, el radio, una buena plática, los sabores, los colores y la poesía.
26 diciembre, 2011
05 diciembre, 2011
Las cosas que me hacen ser mujer
Nunca antes me había preguntado a ciencia cierta que tipo de cosas me distiguían como una mujer hecha y derecha; probablemente fue el hecho de que jamás lo fui, ó quizá no le daba mi atención a algo que creía tan absurdo, tal ves lo he sido y nunca lo sentí.
Un lienzo en blanco me llamó la atención, quien era yo creyendome capaz de pintar algo sin la conjunción de un arte, habría sido una farza, un desperdicio que a ese lienzo que posa a la par del thiner y el óleo, y que estos a su vez concuerdan con las brochas y pinceles, hubieran encajado bien en él... en aquella época.
Recogí algunos botones, hilos viejos y descoloridos, manchados del pudor que me saciaba la excepción de una pasión, algunas agujas que no perforaban nada más que una visión recatada de lo que era ser ama (más de la ropa que de la casa- porque ¡vaya que hasta ahora no sé lo que es eso!), y en sus agujeros encontré la sombra de lo que fui creciendo a lo largo de estos años, ¡Quiero tejer me dije a mi misma! ¡Quiero surcir y coser bastillas, ser el sastre de mi propio vestido desestacional!
Anduve en las vajillas, virando cada uno de los platos que de cerámica yo pinté con esa cara de curiosidad y ansia que a los 10 años cualquiera tiene. Estaban despostilladas, arremetidas en lo más obscuro de la alacena y de mi memoria, y que raro sentir las ganas de componerlas, vestirlas de gala y usarlas para una cena familiar.
Mi maquillaje, esas sombras que sólo revelan un poco de brillos, la máscara que de máscara no cumple su cometido porque despliega con mayor fuerza la mirada que porto y el rubor color cobre que antes creía ser insulso, ahora son parte de mi elegancia cotidiana, y que aunque fueran simples, acongojados, ahí están haciéndome recordar que soy una mujercita hecha hasta el momento.
Esas medias, y acorazados que uno porta no en las entrañas si no un poquito más cerca del secreto y del corazón, son una íntima cercanía con la sensualidad que como mujer derecha hasta ahora me gusta lucir.
Un lienzo en blanco me llamó la atención, quien era yo creyendome capaz de pintar algo sin la conjunción de un arte, habría sido una farza, un desperdicio que a ese lienzo que posa a la par del thiner y el óleo, y que estos a su vez concuerdan con las brochas y pinceles, hubieran encajado bien en él... en aquella época.
Recogí algunos botones, hilos viejos y descoloridos, manchados del pudor que me saciaba la excepción de una pasión, algunas agujas que no perforaban nada más que una visión recatada de lo que era ser ama (más de la ropa que de la casa- porque ¡vaya que hasta ahora no sé lo que es eso!), y en sus agujeros encontré la sombra de lo que fui creciendo a lo largo de estos años, ¡Quiero tejer me dije a mi misma! ¡Quiero surcir y coser bastillas, ser el sastre de mi propio vestido desestacional!
Anduve en las vajillas, virando cada uno de los platos que de cerámica yo pinté con esa cara de curiosidad y ansia que a los 10 años cualquiera tiene. Estaban despostilladas, arremetidas en lo más obscuro de la alacena y de mi memoria, y que raro sentir las ganas de componerlas, vestirlas de gala y usarlas para una cena familiar.
Mi maquillaje, esas sombras que sólo revelan un poco de brillos, la máscara que de máscara no cumple su cometido porque despliega con mayor fuerza la mirada que porto y el rubor color cobre que antes creía ser insulso, ahora son parte de mi elegancia cotidiana, y que aunque fueran simples, acongojados, ahí están haciéndome recordar que soy una mujercita hecha hasta el momento.
Esas medias, y acorazados que uno porta no en las entrañas si no un poquito más cerca del secreto y del corazón, son una íntima cercanía con la sensualidad que como mujer derecha hasta ahora me gusta lucir.
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