En días pasados me encontré irritada por la manera en que dejé mi cuarto,
por la ansiedad de mi perro al verme una vez más jugando,
por la sequía de mi jardín que me miraba a lo lejos,
por mi ropa descocida, mis bolsas vacías, mi corcho caído.
Me causó un sentimiento paternalista la emoción de proteger mis cosas,
el ser responsable de una vida misma y no dejar mis alas rotas,
cohesión de tiempo y organización, un orden lógico,
el montón de papeles en un rincón
y un baúl de pendientes y fotos de colección.
No quisiera repetir una secuencia de eventos
jamás me he sentido parte esencial de un momento
es simple, soy dueña de aquellos que me hicieron estremecer
pero aún así, sin mi seguirán pasando, me dé cuenta o no.
De pronto devastada ante una marcada tentación del recuerdo
presenté ante las autoridades un argumento
mi rutina, los procedimientos.
Me pregunté a mi misma, ¿Te hace feliz un reencuentro?
Batallé para encontrar el significado de un remordimiento,
pero me basto creer que era más que eso,
soy yo ante un pasado de cambios tumultosos y rufianes
no soy yo ante lo que parecía ser mi destino.
Me vi envuelta en el suspenso repentino de no tener nada claro
nada listo, todo ambigüo, que desesperación me causó
el verme invadida de dudas que con el tiempo he superado,
no sé si lo mío es rutinario, o si bien he terminado
con esa etapa resolutiva y esos besos robados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario